Luzaide-Valcarlos es un municipio habitado desde tiempo inmemorial, lo que atestiguan los restos prehistóricos encontrados en su término.
El origen de la localidad se pierde en la noche de los tiempos y de las leyendas que nos hablan de bandidos y pastores, guerreros y peregrinos, fronteras y lazos.
Su identidad se va forjando sobre todo en la Edad Media con la derrota de Roldán (778) y el comienzo de las peregrinaciones a Santiago (s.IX).

 

 

 

 

1110: Fortún Sanz de Yárnoz dona los terrenos de Luzaide al Monasterio de Leire.
1271: Leire vende a Roncesvalles “dos casas hospitales”, Irauzketa y Gorosgaray, con todas las posesiones del término de Luzaide, incluida la ermita de San Salvador de Ibañeta. Este constituye el origen histórico del pueblo.
Principios del s XIV: gran expansión demográfica; en 1335 eran ya unas 30 viviendas cuyos nombres conocemos. 1342, Don Felipe, lugarteniente del rey navarro, realiza un reparto de tierras entre varias familias indígenas y forasteras: se instalan 9 casas más.
1406: Carlos III promulga un privilegio de permuta; Valcarlos queda vinculado a la merindad alto-navarra de Sangüesa y se desvincula de la de Ultrapuertos. Los terrenos que la Corona posee en Luzaide pasan a jurisdicción del alcalde de Valderro.
1592: el Concejo de Valcarlos se emancipa del Valle de Erro, constituyendo ayuntamiento propio.
1793: los republicanos franceses invaden la Villa de Valcarlos. La Revolución Francesa desempeña un importante papel en la nueva fisonomía de Luzaide. Al regreso, en los comienzos del año 1796, los luzaidarras deciden construir muchas de sus viviendas en las antiguas bordas, cerca de las tierras de trabajo. A partir de entonces se configura la fisonomía actual de pueblo disperso. Gracias a la toponimia, se conserva vivo todavía el recuerdo del antiguo emplazamiento.